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Andras Corban Arthen  Andras Corban Arthen  Andras Corban Arthen

En el año 2007, la autora británica Karen Sawyer me invitó a contribuir un capítulo para su primer libro, titulado “Soul Companions: Conversations with Contemporary Wisdom Keepers – A Collection of Encounters with Spirit” (que se traduce aproximadamente como “Compañeros del Alma: Conversaciones con Guardianes Contemporáneos de la Sabiduría – Una Colección de Encuentros con los Espíritus”). Como lo sugiere el título, la obra es un compendio de relatos sobre encuentros que personas de diversas culturas y tradiciones han tenido con entes espirituales. El libro fue publicado en países de habla inglesa en la primavera del 2008, y hasta ahora ha recibido muy buena recepción y ha sido el enfoque de tres conferencias, dos en el Reino Unido y una en los Estados Unidos.

Como tengo varios amigos hispanos que me han preguntado si el libro también va a ser publicado en castellano, y como lamentablemente no parece existir esperanza de que así lo sea, decidí al menos traducir mi propio capítulo y ponerlo en nuestro sitio de Web para que los que se interesen por estos temas puedan leerlo. Los que quieran comprar el libro entero (en inglés), pueden hacerlo fácilmente a través de Amazon.com.

Un saludo cordial,

Andras

Encuentros con Los Brillantes

por Andras Corban Arthen

Continuado de la página 1

Una transición destinada.

Durante uno de los episodios de fiebre, ellos me comunicaron algo sorprendente: que yo era parte de otra familia que vivía en el Reino Unido --- otra familia que era tan “mía” como la familia con quien yo vivía --- y que necesitaba aprender a hablar inglés para poder comunicarme con ellos, aunque yo no tenía la menor idea de quiénes eran o cómo podría encontrarlos. Naturalmente, le conté eso a mis padres (cosa que aparentemente les causó muchas preocupaciones), y prontamente me dediqué a colectar todo libro o revista en inglés que pudiera encontrar, y cubrí las paredes de mi cuarto con fotos de diferentes lugares del Reino Unido que había recortado de las revistas. Poco a poco, y sin que me diera cuenta conciente, más y más de las fotos fueron específicamente de Escocia.

Poco antes de que yo cumpliera los doce años, mi familia comenzó a hacer planes para que regresáramos a vivir en España, pero en vez de hacer eso, una serie de circunstancias inesperadas nos obligó a mudarnos por un tiempo a los Estados Unidos (donde al fin aprendí el inglés), y luego a Puerto Rico. Esa mudanza, que coincidió con el comienzo de mi pubertad, aparentemente hizo que cesaran los ataques de fiebre, y por los siete años siguientes --- en los que estuve enredado en las complejidades de la adolescencia --- pasé por un período de algo así como amnesia selectiva, durante el cual no recuerdo haber pensado sobre “mis amigos” ni tan solo una vez.

A través de mis años de escuela secundaria, gradualmente me distancié más y más del catolicismo, y del cristianismo en general. Como tantos otros jóvenes en esa etapa de sus vidas, comencé a hacer muchas preguntas sobre las creencias de mi religíon y sobre el significado de nuestra existencia, pero las respuestas que recibí de mis meastras y de los curas de mi iglesia me resultaron demasiado simplistas e insatisfactorias. Ya para cuando cumplí los dieciséis años había decidido que no podía continuar practicando el cristianismo, lo cual fue una decisión muy difícil de hacer, ya que toda mi familia y mis amigos eran católicos muy devotos.

Aún así, continué sintiendo un deseo muy profundo de dedicarme a algún tipo de práctica espiritual, algo que me pudiera llenar el vacío que sentía dentro de mi. Comenzé a estudiar otras religiones, especialmente sendas espirituales originadas en Asia y en el Medio Oriente, como el budismo, el hinduísmo y el sufismo. También comencé a leer sobre el espiritualismo, la teosofía, y las religiones indígenas; pero, fuera de libros, donde yo vivía no pude encontrar practicantes actuales de esas tradiciones que me pudieran enseñar algo más a fondo.

A punto de terminar la escuela secundaria decidí, casi de capricho, que iba a hacer mis estudios universitarios en la ciudad de Boston, en Massachusetts. No tenía ninguna universidad en particular en mente, no conocía a nadie en esa ciudad, y en realidad no tenía buena razón para hacer esa decisión, excepto que sentía dentro de mi una certeza absoluta de que ese era el lugar donde tenía que ir.

Al llegar a Boston hacia los fines de la década de los sesentas me encantó encontrar, entre muchas otras cosas, que esa ciudad albergaba una impresionante variedad de religiones y de grupos espirituales, incluyendo a todos aquellos sobre los cuales yo había leído, y muchísimos otros que no conocía, y procedí con gran entusiasmo a visitar cuantos grupos y centros pudiera, con la esperanza de encontrar alguno que me encajara bien.

La Sociedad Teosófica de Boston, uno de los lugares donde yo había empezado a tomar clases sobre tradiciones orientales, ofrecía además una serie de cursos esotéricos sobre el misticismo, el desarrollo psíquico, la astrología, etc., así que gradualmente también comencé a interesarme un poco por esos temas. Lamentablemente, al cabo de unos meses me di cuenta que, a pesar de todas las valiosas enseñanzas que las diferentes sendas que estaba estudiando le podían ofrecer a un joven como yo, ninguna era la correcta para mi.

Hasta que un día, apenas seis meses después de mi llegada a Boston, un amigo que acababa de enterarse de mi curiosidad sobre temas esotéricos, me preguntó si me interesaría hablar con una pareja que él conocía; venían de Escocia, me dijo, y eran brujos.

Por aquel tiempo, todo lo que yo “sabía” sobre la brujería era precisamente lo mismo que la gran mayoría de la gente pensaba: que había sido una práctica maléfica, de devoción al diablo, pero que en los entornos progresistas y sofisticados del siglo veinte, las brujas ya tan solo eran cosas de la fantasía y la superstición. No creía en ellas de igual manera que tampoco creía en los unicornios, y la idea de que existieran personas modernas que se las dieran de ser brujas me pareció completamente ridícula. Aún así, me picó mucho la curiosidad, y le pedí a mi amigo que hiciera los arreglos para encontrarme con ellos.

Nos juntamos en un café a un mero tiro de piedra de la universidad de Harvard, y para mi fue una sorpresa muy agradable, ya que los encontré muy inteligentes, amables y atractivos --- todo lo contrario a lo que me había imaginado. Respondiendo a mis preguntas iniciales, me explicaron que ellos eran parte de una familia de brujas escocesas que se había originado en las Tierras Altas gaélicas muchas generaciones atrás. De seguida, en el curso de una conversación que duró varias horas, ellos procedieron a disipar la gran mayoría de las nociones tan prejuiciadas y erróneas que yo tenía sobre la brujería. Me explicaron, por ejemplo, que las brujas originalmente habían ejecutado una variedad de funciones beneficiosas --- tales como las de curanderas, videntes, magas, comadronas, y hasta psicoterapeutas primitivas --- en servicio a la gente común de algunas de las sociedades tribales paganas de nuestros antepasados precristianos. Con la llegada del cristianismo y la imposición de un nuevo orden social, la función de la brujería en esas culturas fue gradualmente erosionada y al fin marginalizada, hasta que casi lo único que quedó fueron esos estereotipos infames que se originaron de los prejuicios religiosos, culturales y clasistas que instigaron las persecuciones contra las brujas, y que se mantienen hasta el día de hoy.

Durante nuestra conversación, yo comencé a sentir una creciente agitación, una sensación simultánea de felicidad y de pavor. Había algo en lo que esa pareja describía como brujería que me atraía y me daba sentido como ninguna otra cosa me lo había dado; a la misma vez, me amedrentaba y me llenaba de desasosiego, como si yo estuviera a punto de morir. También noté que yo sentía una familiaridad inexplicable con los brujos, como si los hubiera conocido bien por muchos años. Cuando al fin regresé a mi casa, estaba tan extrañamente agitado que no pude dormir por dos días.

Previo a nuestra siguiente reunión, que tomó lugar unas semanas más tarde en el mismo café, yo me esmeré en leer todo lo que pudiera encontrar sobre la brujería, para estar mejor preparado. Nuestra conversación prosiguió de la misma manera fascinante que la previa, hasta que uno de ellos hizo mención de ciertos seres espirituales con los que su familia había estado vinculada por mucho tiempo. Yo les pregunté si se referían a las hadas, ya que había leído que en el folklore de Escocia se decía que existían muchas conexiones entre ellas y las brujas. Me respondieron que esos seres han sido conocidos por muchos nombres diferentes, pero que en su familia eran llamados “Los Brillantes” (the Shining Ones).

Acabando de decir ellos esas palabras, inmediatamente me sentí nauseabundo y como si me fuera a desmayar, y me pareció como si todas las luces en el café se hubieran oscurecido. Las voces de la pareja me sonaban muy remotas y como si tuvieran ecos, y a pesar de mis esfuerzos para mantenerme enfocado en lo que me decían, de repente me arrastró una abrumadora onda de recuerdos olvidados de mi infancia, y comencé a llorar incontrolablemente.

Mi reacción no pareció sorprender o alarmar a los dos brujos en lo más míninmo. Ellos tan solo cesaron de hablar y me observaron atentamente con ojos entrecerrados, como si estuvieran tratando de verme a la distancia, hasta que yo me calmé, y entonces me preguntaron la razón por qué había llorado.

De inmediato me lancé a hacerles un largo y divagador relato sobre mi relación con “los brillantes” durante mi niñez, mezclado con una profunda añoranza de ellos al igual que un sentido de incredulidad perturbador, al pensar de cómo había podido olvidarme de ellos por tanto tiempo. Me imagino que hablé sin parar por más de una hora, pero los brujos tan solo sonrieron y me escucharon con mucha paciencia, intercambiando miradas de vez en cuando, hasta que al fin ya no pude hablar más.

Entonces, con cierta cautela, ellos me contaron algunas de sus propias experiencias con “Los Brillantes,” experiencias que eran extremadamente similares a las mías. Por vez primera en mi vida, había encontrado a otros que no solo aceptaban la realidad y validez de los encuentros de mi infancia, sino que tambien me podían ayudar a entenderlos mejor, y desde un punto de vista más extenso que el mío. Al escuchar sus relatos, esa sensación tan fuerte de familiaridad con ellos que había sentido la vez pasada se hizo aún más aguda, hasta el punto que, cuando al fin nos despedimos esa noche, me di cuenta que sentía una intimidad hacia esa pareja recién conocida que era comparable a la que sentía con mi propia familia. Esa misma semana tuve mi primer episodio de fiebres en siete años, y “mis amigos” --- incluyendo al lobo --- regresaron como si nunca hubieran estado lejos.

Un poco más tarde hice lo que nunca me había imaginado hacer, y le pedí a la pareja escocesa que me entrenaran para hacerme brujo. Así comenzó un rigoroso y exigente aprendizaje que duró varios años, durante el curso del cual tuve que participar en una ceremonia de enlace de sangre para ser formalmente adoptado en su familia. Al fin de esa ceremonia, mis maestros me informaron que, aproximadamente un año antes de que nos conociéramos, Los Brillantes les habían comunicado que un joven iba a cruzar el mar para juntarse con ellos, pero ellos habían pensado que esa persona vendría de Europa, no del Caribe. Y así fue que finalmente encontré y me junté con mi “otra familia” del Reino Unido.

 Lo que mis maestros llamaban “brujería” era algo muy diferente a lo que hoy en día se ha popularizado por ese nombre (también conocido como Wicca) dentro del paganismo moderno. No era una religión en el sentido ordinario de esa palabra, ya que no tenía nada que ver con la veneración de deidades, ni tampoco dependía en fe o en creencias. Más bien, la brujería que ellos me enseñaron era una práctica fundamentada en tres enfoques principales --- la magia, la videncia, y la sanación (sorcery, seership, skeelery) --- que requería que la bruja entrara, por medio de profundos estados de trance, en lo que ellos llamaban el “Mundo Invisible,” una dimensión de realidad trascendental que se interpenetraba de cierta manera con el mundo físico ordinario. Al hacer repetidas incursiones a ese Mundo Invisible, la bruja aprendía a relacionarse con las diferentes entidades y fuerzas que se encontraba en esa dimensión, y a usar las capacidades de esos poderes en el mundo ordinario cuando necesitara hacerlo (varios años más tarde llegué a entender que esa práctica de brujería representaba, en efecto, una forma de chamanismo europeo.)

Pero esas jornadas al Mundo Invisible no fueron nada fáciles de hacer, ya que requerían la habilidad de soltar casi completamente los controles que nos mantienen afijados al mundo ordinario. El resultado fue que a través de unos tres de los años de mi aprendizaje pasé por una serie de experiencias sumamente extrañas, difíciles y hasta aterrorizantes, que me pusieron en situaciones donde estuve al borde de la muerte o en las que crucé por un tiempo a la locura, que me sacudieron y me destrozaron mi sentido de mi mismo, del mundo y de la realidad. Esas experiencias fueron muy intensificadas por los varios encuentros que tuve, bajo el tutelaje de mis maestros, con un ser muy poderoso e implacable que, en el mundo físico, generalmente toma la forma de cierto hongo.

A menudo, en el medio de ese arduo proceso, sentí la presencia de Los Brillantes a mi alrededor. No recuerdo que intervinieran directamente en ninguna ocasión, aún en mis momentos de mayor desesperación, sino que más bien parecían actuar como observadores o testigos de mis experiencias. A la misma vez, fuera de los hábiles cuidados de mis maestros, lo que más me ayudó en mis momentos de más abrumadora locura, angustia y desesperación --- cuando más de una vez me encontré al borde del suicidio --- fueron los recuerdos de los encuentros de mi niñez con Los Brillantes. Era como si en el último momento posible, cuando me encontraba ya completamente sin salida o esperanza y a punto de desplomarme por un vacío infinito, de una manera u otra lograba encontrar algún inesperado punto de apoyo que me permitiera evitar el desastre, y me di cuenta que siempre podía conectar esos puntos de apoyo con algo que Los Brillantes me habían enseñado. En retrospectiva, fue como si, durante el curso de nuestros encuentros, ellos hubieran sentado las bases necesarias para prepararme para lo que me iba a venir.

La guía de los espíritus.

En los cuarenta años que han transcurrido desde que conocí a mis maestros, mi relación con Los Brillantes ha cambiado mucho de como era durante mi niñez. Hoy en día, la mayoría del tiempo no hay fiebres que anuncien o acompañen su presencia. Ellos no se aparecen con tanta frecuencia como lo hacían al principio, pero cuando vienen, tienden a quedarse a mi alrededor por varios meses. Ahora se me hace mucho más fácil conectarme con ellos intencionalmente, pero por lo general su presencia continúa siendo más fuerte cuando se aparecen por su propia iniciativa. Y ya no soy el único que se puede relacionar con Los Brillantes --- varios de los brujos con quienes estoy íntimamente conectados han tenido sus propios encuentros con ellos. Es más, durante un período cuando se manifestaron con gran intensidad, fueron percibidos varias veces por visitantes casuales que no llegaban a entender lo que estaban viendo; uno de ellos hasta fue captado para la posteridad en una fotografía.

Ya hace mucho tiempo que he entendido que sus visitas casi siempre coinciden con cambios importantes en mi vida. A menudo esas transiciones no han sido fáciles o placenteras, aunque al cabo del tiempo se me ha hecho claro que fueron los cambios correctos y necesarios. Hacia los fines de la década de los setentas, por ejemplo, Los Brillantes me comunicaron --- gradualmente al principio, y luego con más insistencia --- que yo debía de devotar mi vida entera a mis prácticas espirituales. En sueños, y más tarde en una serie de visiones muy vívidas y complejas, me enseñaron lo que querían que yo hiciera --- hablar y enseñar en público sobre las tradiciones paganas, organizar encuentros donde se pudieran congregar grandes números de gente interesada en el paganismo, y crear una comunidad pagana que apoyara ese trabajo y que también se enfocara en promover ciertos cambios necesarios en el mundo.

Al principio, yo resistí esos mensajes con mucha vehemencia. Por un lado, dadas las atenciones exageradas que había recibido de mi familia y mis maestros en mi niñez, yo me había desarrollado una aversión muy fuerte a cualquier cosa que que me fuera a poner en el candelero o en posición de liderato. Por el otro, soy una persona de temperamento bastante ermitaño, y la idea de involucrarme directamente con cientos o miles de personas me parecía sumamente desagradable e inconcebible. Más aún, por esos años ya yo estaba bien aposentado en una vida muy cómoda y gratificante, con un círculo acogedor de amigos y de amantes, una buena posición en una universidad muy prestigiosa que me pagaba un salario sustancial y seguro, y acababa de embarcarme en un plan para acrecentar mis ingresos, un plan que no tenía nada que ver con los designios de Los Brillantes. Y ya llevaba muchos años de estar acostumbrado a practicar mi espiritualidad de una manera muy privada y separada del resto de mi vida.

Pero, durante el transcurso de unos dos años, esos mensajes se volvieron mucho más insistentes y específicos, y aparecieron ciertas señas muy concretas que me indicaban claramente lo que debía hacer, y yo comencé a sentir un cambio gradual interno. Finalmente, dentro de un período de menos de seis meses, dejé mi empleo, me mudé a un apartamento mucho más pequeño, me alejé de casi todos en mi círculo social, organicé uno de los primeros encuentros paganos en los Estados Unidos, acepté una invitación para dar clases sobre el paganismo y la brujería en un centro de educación para adultos, me encontré con mi pareja, y juntos desarrollamos una organización --- la Comunidad Alma de Tierra (EarthSpirit Community) --- que por los últimos treinta años ha llegado a incluir a miles de personas interesadas en practicar las sendas paganas. Esos cambios no solo me llevaron en una dirección que nunca me había imaginado tomar, sino que también requirieron muchísimas luchas y sacrificios personales; pero, por mucho que resistí aquellos mensajes al principio, hoy no me cabe duda de que me indicaron el curso correcto para mi vida.

De manera similar, durante frecuentes apariciones a comienzos de los noventas, Los Brillantes nos comunicaron a varios de nosotros, con bastante urgencia, que necesitábamos mudarnos a un nuevo domicilio en una zona campestre y que, luego de ubicarnos en ese nuevo sitio, debíamos hacer ciertas otras cosas. En esa época, habíamos estado viviendo por muchos años en un suburbio de Boston. Tanto nuestra comunidad como nuestros trabajos, las escuelas de nuestros hijos, y casi todo lo que era de importancia en nuestras vidas estaba localizado en aquella área metropolitana. Hacer una mudanza tan drástica y repentina nos requería tomar unos riesgos inmensos en muchos ámbitos diversos de nuestras vidas --- riesgos que, bajo diferentes circunstancias, seguramente nunca hubiéramos tomado. Pero, en cosa de unos escasos meses, encontramos una pequeña hacienda rodeada de bosque hacia el oeste de Massachusetts, vendimos nuestras casas, y once de nosotros --- ocho adultos y tres niños --- nos mudamos juntos al campo.

La mayoría de la gente no llegaba a entender cómo podíamos arraigarnos de esa manera y por tal razón, y muchos de nuestros parientes y amigos nos advirtieron que estábamos cometiendo un grave error. No hay duda de que al principio sufrimos cierto nivel de estrés emocional y económico, pero ya hemos estado viviendo por más de doce años en el medio de un bosque, en un entorno natural que es mucho más beneficioso para nuestra prácticas espirituales que una ciudad, y nuestro trabajo se ha desarrollado de una manera mucho más gratificante y provechosa.

Me imagino que habrán aquellos que leerán lo que he escrito aquí y pensarán que no es más que pura invención o el producto de una imaginación demasiado fértil, o quizás hasta el resultado de alguna forma de trastorno psicológico. Yo a veces he encontrado esas y otras reacciones similares durante el transcurso de los años, y entiendo perfectamente que mi relato, con toda razón, le pueda parecer increíble o falso a aquellos que no hayan tenido experiencias comparables a las que he descrito. Es muy lamentable que, fuera del ámbito de la ficción literaria o artística, en nuestra cultura se admitan solo dos posibilididades --- la falsedad o el delirio --- para categorizar esos tipos de experiencias. A la misma vez, he tenido la oportunidad de hablar sobre estos temas con muchísimas personas, tanto a través de los Estados Unidos como en otros países, y sé muy bien que encuentros como los que yo he tenido con Los Brillantes son mucho más comunes que lo que se supone. Espero que este libro, con la gran variedad de puntos de vista que presenta, les dé aliento a aquellos que tal vez se hayan sentido demasiado vulnerables para hablar abiertamente de sus propios encuentros, y que sirva como recordatorio de que, no obstante todos los alardeados avances y progresos de la modernidad, seguimos envueltos en un vasto e inefable misterio, en el que abundan fascinantes posibilidades, extraordinaria belleza, y maravillas infinitas.

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© 2007, Andras Corban Arthen

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